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LIBROS

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Honrando el legado azul que recorre el siglo diecinueve, desde el romanticismo, el parnasianismo y el simbolismo francés hasta el modernismo dariano, que celebra con el color del cielo y el mar la inefabilidad de la poesía, Tania Anaid Ramos lo actualiza en los versos de Invisibilidades para describir no solo la poesía, sino a los protagonistas del amor y el desamor. Un arcoíris de lecturas, que van desde Alejandra Pizarnik, Matsuo Basho, Idea Vilariño, Ángela María Dávila, Palés, San Juan de la Cruz, Cortázar, Bécquer, Simone de Beauvoir y Miguel Hernández, nutre el poemario, en el que se destaca la impronta vanguardista de sus metáforas: el tren está "fatigado", el ahora es "fanfarrón", el frenesí erótico detona "el trémulo rocinante" de los besos, el sol se ha "dormido", el desamor "gerundia" la "voz acorralada" de la amada, que deviene "ventana herida" y ofrece su sexo al amante como una "raya absoluta, dibujada justo encima de mis ganas". El libro termina con una paradoja: la invisibilidad del sujeto lírico femenino, nombrado "Azula", se supera en los versos que emergen de la nostalgia del desamor, mientras que su propio país, náufrago del coloniaje, y "escondido,/ausente e invisible,/no se percibe".

 

Mercedes López-Baralt

Puerto Rico

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El tiempo discurre sin pausa y es inevitable vivir sin sentir dolor, llanto o nostalgia, aunque hubiese pequeños espacios para el placer, la risa y la alegría. En ocasiones, la melancolía se apodera de lo que somos y nos perdemos entre el silencio y la oscuridad.

Llueve, el más reciente poemario de la poeta puertorriqueña Azula, es un torrencial de versos en los que se descarnan la dureza de la cotidianidad, el amor y la soledad. Para la poeta, la acción de llover es lo importante porque las acciones mueven el universo. En esta poesía el llover puede ser tristeza, desequilibrio, eternidad, abundancia, lágrimas, creación y a veces felicidad.


La escritora, quien es una gran amante de la lluvia y estudiosa de poesía, inicia el libro con epígrafes de legendarios representantes de la literatura, en su mayoría Premios Nobel, que escribieron poemas inspirados en la lluvia. Azula llueve en este brillante poemario que nos llega desde el Mar Caribe. Su impecable arte poético inmortaliza la lluvia. Esto me trae a la memoria el momento en el que los poetas del Modernismo inmortalizaron al cisne.

 

Estoy absolutamente seguro de que este libro será bien recibido por los críticos literarios, poetas, maestros y lectores de toda la comunidad hispanohablante.


Carlos Javier Jarquín
Nicaragua

Portada: obra al óleo del pintor nicaragüense Mauricio M. Rizo Centeno
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